Los niños que se hacen adultos sintiéndose física, emocional o espiritualmente inseguros, desprotegidos o desnutridos, no pueden devolver a cambio a la sociedad, un alimento que no han recibido. Solo cuando las personas se sienten relacionadas con su sociedad, ademas de parte integrante y un elemento vital de la misma, pueden participar plenamente en las tareas de dicha sociedad. La Codependencia constituye un fracaso social a gran escala en la tarea de enseñar a los niños el desarrollo de si mismos y la autorrealización personal que ello conlleva, con el fin que dirijan sus vidas con sentido. Las personas que desarrollan un poder interior tienen la capacidad de aventurar cambios y de influir en sus propias vidas, así como en la vida de los demás. Al quitarle a nuestros hijos el poder que le es propio, les robamos una fuerza vital esencial. Les robamos, en consecuencia, el mundo de su alma. Si nos quedamos sin alma, perdemos nuestro poder y nos convertimos en muertos vivientes. El mal uso y el abuso del poder en las familias y en los individuos conduce a la desautorrealizacion personal.
La Codependencia afecta a las personas en todos los aspectos de su vida: familia, trabajo, matrimonio, hijos, relaciones y bajo su forma extrema se manifiesta en lo que llamamos ADICCIÓN. Utilizamos nuestras adicciones para pretender que no tenemos elección y que, por lo tanto, no somos responsables de nuestras propias vidas. Utilizamos nuestras adicciones para distanciarnos social y emocionalmente de los demás y de nosotros mismos, y en ultima instancia de Dios. La codependencia es el fundamento de toda adicción y la adicción fundamental a todo, una suerte de desautorrealizacion personal que conduce finalmente a la alienación respecto de todo lo que da sentido a la vida.
La educación constituye el primer paso hacia el autoconocimiento, la autodireccion y la autorrealización personal. Cuando dejemos de estar alienados, nuestras almas volverán a nosotros.
(Dorothy May).
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